Este proyecto, financiado por UNIR, analiza la literatura científica y la prensa española para responder a esta pregunta a través de datos.
«No parecía tener ningún potencial positivo que compensara el daño que podría provocar en un sistema democrático.»
Reacción de especialistas en ciberseguridad y cuerpos de seguridad tras una presentación del equipo sobre deepfakes, III Jornadas de Seguridad Multidimensional, Universidad Complutense de Madrid.
Este estudio nace de esa reacción. ¿Es cierto que los medios sintéticos no tienen ningún uso que compense sus riesgos? Para poder responder a esta pregunta hace falta volver al clásico dilema de si un arma es buena o mala en sí misma. El mismo cuchillo que mata a una persona puede servir a un cirujano para curar a otra. Sin embargo, con los deepfakes, surge la duda de si existen usos positivos que justifiquen los riesgos que crean.
Un deepfake es un tipo de contenido audiovisual sintético generado a través de inteligencia artificial para hacer que una persona parezca decir o hacer algo que nunca dijo ni hizo. Este es el mismo tipo de tecnología que en 2019 devolvía a Salvador Dalí a un museo de Florida para conversar con los visitantes. Sin embargo, también es la que, en 2024, la policía surcoreana descubrió que se usaba en un canal de Telegram de más de 220.000 miembros, en el que se compartían imágenes sexuales generadas sin conocimiento de sus protagonistas. Estos dos usos son las dos caras de una misma tecnología.
En este proyecto se ha analizado qué proporción de cada tipo de uso, positivo o dañino, ha ocupado realmente la ciencia y la prensa.
Para comprobar lo que investiga la ciencia sobre deepfakes se ha realizado una búsqueda en Web of Science de los artículos que tratan dicho tema. Cada registro se ha codificado en una categoría de ocho posibles según la valencia de aplicación, a través de cuatro rondas de revisión manual. Consulta aquí la base de datos completa
La valencia de aplicación es el criterio que ordena esas ocho categorías. Esta indica si el uso de deepfakes que estudia cada artículo es positivo o negativo. El concepto de «valencia» se ha tomado prestado de la psicología, donde describe si un estímulo resulta agradable o desagradable.
Para simplificar el análisis, estas ocho categorías se agrupan en cuatro bloques: daño explícito, beneficio explícito, debate dual y sin valencia de aplicación.
Escala logarítmica sobre el número de artículos, para que las ocho categorías sigan siendo legibles pese a la enorme diferencia de volumen. Ámbar = orientado al daño; verde = orientado al beneficio; gris = sin valencia de aplicación o defensivo.
Cada registro se clasifica en una única categoría, aplicadas en este orden de prioridad en el árbol de decisión.
El foco del artículo es detectar, autenticar o defenderse de deepfakes. Trata la tecnología como amenaza que necesita ser mitigada, sin ser en sí un caso de aplicación dañina o benéfica.
GAN, difusión o clonación de voz enmarcadas en pornografía no consentida, fraude, desinformación política o extorsión.
Doblaje, arte, educación, medicina, accesibilidad o privacidad como marco explícito de la generación técnica.
El artículo discute explícitamente tanto perjuicios como beneficios de forma comparable.
Centrados en un daño concreto, sin ser ellos mismos un artículo de generación o detección técnica.
Evalúan o proponen un uso positivo sin desarrollar ellos mismos la técnica de generación.
Discute el marco normativo sin anclarse a un caso de aplicación concreto, ni dañino ni benéfico.
No se detecta ningún marco de aplicación.
La clasificación combina un clasificador léxico automático con revisión humana, iterada en cuatro rondas.
Diccionario de términos aplicado buscando literalmente que estos aparezcan en título, resumen y palabras clave (sin distinguir mayúsculas). El resultado inicial fueron 215 registros de daño, 17 de beneficio (ratio 12,6:1) y 1.664 registros de contramedidas.
Se corrigieron falsos positivos, tales como pornografía de IA marcada como «beneficiosa» por el término genérico «entertainment industry», y se amplió el diccionario de contramedidas. Se identificaron dos casos adicionales beneficiosos (19 totales).
Se leyeron los 135 resúmenes completos clasificados «sin valencia», encontrando un punto ciego de vocabulario médico y educativo. Se identificaron casos positivos adicionales. Resultado: 41 beneficio, 216 daño (5,3:1).
Revisión de los registros restantes sin valencia asignada, buscando también daño y contramedida. Se realizan 12 correcciones, incluyendo un caso grave de pornografía infantil por IA que no usaba términos habituales. Resultado definitivo: 225 daño, 42 beneficio (5,4:1).
Un ejemplo real de cada bloque, entre los artículos más citados del corpus.
Se han recopilado los titulares de prensa sobre deepfakes entre los años 2019, cuando surge el término, y 2024. Se han recopilado 1.426 titulares a través de la consulta a 1.596 medios españoles, incluyendo agencias, prensa nacional, regional y local, usando el buscador MyNews. Consulta aquí la base de datos completa
El tono neutral domina todo el periodo (76,6% del total), pero el negativo pasa del 14,8% en 2019 al 22,4% en 2024, con un máximo del 24,5% en 2023, y el positivo prácticamente desaparece en esos mismos años.
La tecnología es el eje temático más estable, como cabía esperar. La sexualidad está prácticamente ausente hasta 2022 y se dispara en los años 2023–2024. Las narrativas sociales (mentira, historia, humanidad) irrumpen en 2023.
Haz clic en cada año para ver qué dominaba el vocabulario periodístico relativo a los deepfakes.
Los términos se centran en la novedad técnica: «expertos», «vídeos», «algoritmo», junto con plataformas y países (Facebook, China, Zao). Coincide con la viralización de la app china Zao, que despertó los primeros debates sobre privacidad.
«Prohíbe», «herramienta», «detector» y «manipular» reflejan una preocupación creciente por la desinformación, realzada por el contexto de las elecciones estadounidenses. Microsoft, Facebook y Twitter introducen políticas restrictivas.
Aparecen «Lola Flores», «Cruzcampo», «humor» y «publicidad». El anuncio de Cruzcampo que recreó a Lola Flores marca un hito cultural y desencadena debates sobre identidad y explotación de la imagen. Tom Cruise se vuelve viral con vídeos falsos.
«Mujeres», «pornográficos» y «víctima» evidencian el aumento de cobertura sobre contenidos no consentidos y violencia digital de género, con referencias a TikTok y a Bruce Willis.
«Mentira», «historia», «humanidad» y «amenaza» apuntan a una narrativa existencial sobre la manipulación del pasado. Aparecen menciones a Putin en contextos geopolíticos y de propaganda.
Dos líneas conviven: los deepfakes sexuales no consensuales (Taylor Swift, «porno», «víctima») y la consolidación regulatoria («verificación», «delitos», «electorales»), con menciones frecuentes a Google, Microsoft y Meta.
Casos reales del corpus que ilustran el desplazamiento: de la curiosidad publicitaria al debate legal.
La Value-Neutrality Thesis (VNT Thesis) sostiene que los artefactos tecnológicos no tienen valores implícitos (Pitt, 2014). El proyecto pone esa tesis a prueba a través del impacto social en prensa y lo que la comunidad científica estudia sobre los deepfakes.
La filosofía de la técnica lleva décadas debatiendo si un artefacto puede considerarse moralmente neutro. Ihde (1990) plantea que las tecnologías no son instrumentos transparentes, sino mediaciones que transforman la relación entre el ser humano y el mundo, lectura que Winner (1980) lleva más allá en ¿Tienen política los artefactos? (Do Artifacts Have Politics?), al sostener que ciertos objetos técnicos favorecen relaciones sociales y políticas específicas, con independencia de la intención de quien los use.
Frente a esta idea, Feenberg (1999) sostiene que la tecnología no puede entenderse como una esfera autónoma y neutral al margen de lo social, puesto que contribuye a configurarlo y encarna elecciones y valores previos. En esa misma línea se sitúa la primera de las célebres leyes de la tecnología de Kranzberg (1986), que este proyecto toma como punto de partida: la tecnología no es buena ni mala por sí misma, aunque tampoco neutral, pues sus efectos dependen del contexto social, cultural y político en que se inscribe.
Este proyecto entiende ese contexto en un sentido concreto: el conjunto de aplicaciones que la comunidad científica decide investigar y el modo en que la prensa española encuadra la tecnología entre 2019 y 2024. Ambos corpus permiten observar hacia qué lado se inclina, en la práctica, el uso real de los deepfakes.
¿Son los medios sintéticos una tecnología neutra? El equipo contrasta esta hipótesis a través de los casos de uso documentados en ciencia y prensa.
Si lo fueran, ¿puede potenciarse su uso positivo? Existe un uso beneficioso que puede impulsarse una vez estudiados sus efectos nocivos.
Revisión de las posturas teóricas a favor y en contra de la neutralidad moral de las tecnologías emergentes, con un fuerte componente de casos reales.
Responsable: Luis Deltell EscolarIdentificación de casos en entretenimiento, política, seguridad y pornografía a partir de investigación y prensa.
Responsable: Pablo Rey GarcíaValoración de las implicaciones éticas y sociales de los casos identificados, dando respuesta directa a H1.
Responsable: Nadia McGowanMarco de prevención de daños y promoción de aplicaciones beneficiosas, validado con al menos cinco expertos en ética y tecnología.
Responsable: todo el equipoUna selección de las referencias que sustentan el marco teórico y el estado de la cuestión del proyecto.